El naturalista del mes

Maria Àngels Cardona y Florit

Ferreries (Menorca), 8 de octubre de 1940 – Barcelona, 24 de diciembre de 1991.

Nacida en la localidad menorquina de Ferreries, vivió su infancia en Ciutadella. Su vocación por las ciencias naturales la llevó a estudiar Ciencias Biológicas en la Universidad de Barcelona, donde se licenció en 1963.

Se incorporó inmediatamente a la Cátedra de Botánica, dirigida entonces por el Dr. Oriol de Bolòs, y dedicó los años siguientes a ampliar sus estudios y realizar su tesis doctoral, compaginándolo con la docencia. En 1985 pasó a ser profesora titular y, al año siguiente, obtuvo la plaza de catedrática de Biología Vegetal en la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta plaza había sido ocupada por otra gran mujer de la ciencia catalana, la Dra. Creu Casas i Sicart, especialista en el estudio de los musgos.

Con su tesis, titulada «Funcionalisme i ecologia d’algunes comunitats vegetals barcelonines» (Funcionalismo y ecología de algunas comunidades vegetales barcelonesas), abrió una nueva línea de investigación geobotánica en nuestro país, lo que supuso un esfuerzo de adaptación metodológica y científica. Obtuvo el grado de doctora en 1972 y recibió el Premio Pius Font i Quer del Institut d’Estudis Catalans ese mismo año.

Inquieta y amante de la innovación, encontró en la citotaxonomía, rama de la biología que estudia las relaciones y la clasificación de los organismos mediante el análisis de los cromosomas, un campo que combinaba su especialidad botánica con su interés por la genética.

Siempre permaneció muy vinculada a Menorca. Estudió la flora balear y, especialmente, la menorquina y sus endemismos. Su sensibilidad la llevó a adoptar posturas ecologistas y a denunciar la destrucción de la naturaleza. Esta frase, publicada en una carta que escribió en 1980 al Diari de Menorca, constituye una declaración de principios:

«Mi profesión —soy botánica— me ha hecho amar todavía más y de otra manera esta tierra mía, y la defenderé una y otra vez aunque creo que pocos de quienes deberían escucharme me harán caso».

Muchos de sus estudios sobre la vegetación menorquina sirvieron, pocos años después, para respaldar la Ley de Espacios Naturales y la declaración de su querida isla como Reserva de la Biosfera.

De salud frágil, falleció en Barcelona durante la Navidad de 1991, con tan solo 51 años.

En Marimurtra se ha dado su nombre al camino que conduce desde la entrada del tercer jardín hasta la plaza de Goethe, en homenaje a su obra.

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