Cien años de la compra de los primeros terrenos de Marimurtra

No sabemos cuándo fue la primera vez que Carl Faust, el fundador de Marimurtra, visitó Blanes. Es probable que fuera a mediados de los años diez del siglo pasado, cuando se encontraba en la treintena y solía hacer excursiones con un grupo por diferentes rincones de nuestra casa, habitualmente en zonas de alta montaña, pero también en la agreste y cautivadora Costa Brava, que lo deslumbró. Le decía a su amigo Josep Cuatrecasas, en una carta escrita en 1947, que << lo que la gente ve ahora, yo ya lo vi en mi primera visita >>. Y así fue como, en 1918, en un momento en que los negocios le iban muy bien y empezaba a pensar como sería su futuro, se decidió a comprar una primera porción de terreno de lo que acabaría convirtiéndose en el jardín botánico.

El 14 de enero, y ante el notario Joan Coma y Cirés, compró, por 150 pesetas, una <<pieza de tierra viñal, en parte, de tercera clase, y parte inculta, situada en este término municipal y parage denominado San Francisco, de cabida, poco más o menos veinte y cuatro áreas ochenta y una centiáreas. Linda al Norte con el camino que conduce de esta población a San Francisco, al sud con el Mar Mediterráneo, al Este con tierras de José Vieta y al oeste con terrenos de Mariano Verdaguer>>. Una antigua viña que, seguramente debido a la plaga de filoxera que había asolado Cataluña hacía veinticinco o treinta años, la había dejado improductiva y ahora se encontraba parcialmente yerma.

El lugar era, sin embargo, especial: un espacio de roca y arena inclinado hacia el mar, con una variabilidad térmica moderada, protegido de los vientos del norte, con salinidad baja y una humedad relativa alta. Unas características que compartiría con las otras fincas que, a partir del año siguiente, iría adquiriendo hasta conformar la superficie del actual jardín, y que harían de Marimurtra el lugar idóneo para cultivar plantas que, hasta entonces, no habían podido obtenerse ninguna parte de Europa.

Comparte este artículo