Cuando pensamos en movimiento, nos vienen a la mente animales, personas o vehículos. Pero… ¿y las plantas?
Aunque no tienen músculos, esqueleto ni sistema locomotor, las plantas también se mueven. Lo hacen de una manera sutil, a menudo imperceptible a simple vista, pero muy eficiente.
Estos movimientos responden a estímulos del entorno y son clave para su supervivencia. Pueden producirse por cambios en la presión de turgencia celular (entrada o salida de agua en las células) o bien a través de crecimientos desiguales que hacen que la planta se incline, se enrosque o incluso estalle.
1. Tropismos
Son movimientos lentos y permanentes que implican crecimiento en una dirección determinada, generalmente como respuesta a un estímulo ambiental.
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Fototropismo: crecimiento hacia la luz, muy visible en tallos jóvenes o hojas.
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Geotropismo: respuesta a la gravedad, con raíces que crecen hacia abajo y tallos que crecen hacia arriba.
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Tigmotropismo: respuesta al contacto, típico de plantas trepadoras como las judías o las vides.
2. Nastias
A diferencia de los tropismos, las nastias no implican crecimiento. Son movimientos reversibles y a menudo rápidos, siempre en respuesta a un estímulo externo.
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Nictinastia: las hojas o flores se cierran de noche y se abren de día, en movimientos que recuerdan al “sueño”.
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Tigmonastia: movimiento rápido ante el contacto, como el de la Mimosa pudica cuando la tocamos.
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Termonastia: respuesta a los cambios de temperatura, como en plantas que abren o cierran las flores según el frío o el calor.
3. Movimientos de apertura y cierre
Un ejemplo claro son los estomas, pequeños poros que se encuentran mayoritariamente en las hojas. Se cierran o abren según la luz, la humedad y la cantidad de dióxido de carbono acumulado dentro de las hojas. Esto permite a la planta transpirar e intercambiar gases con el ambiente, según convenga.
4. Dispersión de semillas, frutos y esporas
Algunas plantas han desarrollado mecanismos espectaculares para dispersar sus semillas, frutos o esporas y asegurar la colonización de nuevos espacios. Es el caso de vainas que estallan súbitamente con un pequeño toque, lanzando las semillas a distancia. También hay especies que liberan esporas mediante un efecto resorte, utilizando estructuras que se secan o tensan y que, al liberarse, lanzan las esporas al aire. Esto ocurre, por ejemplo, en algunos helechos o musgos, que aprovechan los cambios de humedad para abrirse y dispersarlas.
En definitiva, aunque no lo hagan como los animales, las plantas son mucho más dinámicas de lo que imaginamos. Sus movimientos les ayudan a crecer, protegerse, reproducirse y adaptarse al medio. En el Jardín Botánico Marimurtra encontrarás muchos ejemplos; solo hace falta observar con atención.










