Qué pasa con las hojas en otoño: la inteligente estrategia de los árboles
El cambio de color de las hojas en otoño no es un accidente, sino un proceso perfectamente programado por las plantas. Cuando pasees por el Jardín Botánico Marimurtra estos días, podrás ser testigo de este fascinante fenómeno de la naturaleza.
Pero, ¿por qué pasa exactamente?
El detonante clave es la luz. A medida que los días se acortan, la planta detecta que las horas de sol ya no son suficientes para mantener la fotosíntesis —el proceso que convierte la luz en energía— de manera eficiente. Es el momento de detener la maquinaria de la hoja y prepararse para el invierno.
Prioridad: reciclar
Lo primero que hace el árbol no es cambiar de color, sino «hacer la mudanza». Antes de desprenderse de las hojas, la planta inicia un proceso activo para recuperar los nutrientes más valiosos que contienen, especialmente el nitrógeno y otros elementos esenciales. Estos compuestos son transportados hacia las ramas y las raíces, donde se almacenan como reserva. Son la inversión crucial que permitirá a las plantas caducifolias tener la energía necesaria para brotar con fuerza en primavera.
El gran «desenmascaramiento»
Solo una vez iniciado este reciclaje comienza el cambio visual. La clorofila, el pigmento que da el color verde y que es vital para la fotosíntesis, es una molécula que se degrada rápidamente sin luz. Como el árbol ya no tiene interés en hacer fotosíntesis, deja de producirla. Al desaparecer el verde dominante, ocurre algo fascinante: se revelan otros pigmentos que siempre habían estado en la hoja, pero que la clorofila ocultaba. Salen a la luz los carotenoides, responsables de los espectaculares tonos amarillos y anaranjados que vemos en muchos árboles del Jardín. En otras especies, el frío y la luz estimulan la producción de antocianinas, que generan los rojos y púrpuras intensos.
Por lo tanto, el otoño no «pinta» las hojas, sino que «despinta» el verde y revela los colores que se escondían debajo.
¿Qué pasa si hay sequía?
Esta transición cromática tan ordenada, sin embargo, requiere tiempo y unas condiciones óptimas. No obstante, la sequía —una realidad frecuente en nuestro clima mediterráneo— lo altera todo.
Si el árbol ha sufrido estrés por falta de agua, no puede permitirse el lujo de este reciclaje pausado. Entra en modo de emergencia y debe «cortar» la conexión con la hoja rápidamente para no perder más agua. En este caso, la hoja se seca de golpe, con todos los nutrientes y pigmentos dentro, pasando directamente del verde al marrón. Es una senescencia abrupta, una necrosis, que nos priva de la variedad cromática.
Así pues, cuando pasees por Marimurtra y disfrutes de un estallido de amarillos y rojos, no solo estarás viendo un paisaje bonito; estarás observando la prueba de un ciclo natural ejecutado con éxito: un repliegue ordenado, eficiente y lleno de ingenio.








