
La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una especie de lepidóptero (mariposa nocturna o polilla) autóctona de Cataluña. Es una especie muy conocida por sus problemáticas asociadas, afectando principalmente coníferas como los pinos, aunque también puede llegar a afectar a los animales, incluidos los seres humanos.
Esta especie presenta un ciclo de vida holometábolo. Esto significa que consta de diferentes estadios durante su ciclo vital (huevo, larva, crisálida o pupa y adulto o imago). Además, en este ciclo se da una metamorfosis, es decir, un cambio total de la apariencia del individuo juvenil (larva) al adulto.
La fase larvaria (oruga) tiene un cuerpo largo y segmentado, con una longitud que puede alcanzar los 4-5 cm. Presenta un patrón de colores marrón oscuro o negro en la parte superior y franjas de color naranja o amarillento con zonas blanquecinas que recorren longitudinalmente el cuerpo. Cada segmento presenta una distribución de pelos característica. Estos pelos son largos, densos y sirven como mecanismo de defensa. En cambio, la fase adulta (mariposa nocturna) presenta dos pares de alas; las anteriores son de color gris con nervaduras oscuras que forman tres franjas transversales, mientras que las posteriores son blancas con los bordes grises. El tórax está recubierto de pelos grisáceos y el abdomen es cilíndrico, grueso y recubierto de escamas doradas. En conjunto mide unos 45 mm. Los machos son ligeramente diferentes de las hembras para poder identificarse y aparearse (dimorfismo sexual).
El inicio del ciclo parte con la puesta de los huevos, normalmente durante el verano. La hembra adulta pone entre 70 y 300 huevos, de forma cilíndrica, alrededor de un par de hojas de pino (acículas). Una vez han pasado entre 20-40 días (otoño), se da la eclosión: de cada huevo sale una larva que, inmediatamente, comienza a alimentarse de las hojas del pino. A medida que va comiendo, va creciendo y lo hace a través de cinco estadios larvarios (donde se dan cinco mudas, aumentando cada vez su tamaño). Durante esta fase, las larvas trabajan en grupo (comportamiento gregario) para construir un nido con aspecto de bolsa sedosa sobre una rama del árbol. Esto lo hacen para sobrevivir a las duras y frías condiciones del invierno.
Una vez han alcanzado la madurez necesaria, todas juntas abandonan el nido y descienden por el tronco del árbol formando la característica «procesión», caminando una detrás de la otra. El primer individuo, que es el líder de la procesión, es una hembra que se encarga de buscar un espacio con la temperatura óptima donde enterrarse. La procesión es una estrategia que utilizan para protegerse unas a otras y no ser depredadas tan fácilmente por los depredadores que se las comen, como aves, réptiles o anfibios. Una vez encuentran el lugar más idóneo, se entierran para dar paso al siguiente estadio, la pupa o crisálida, donde terminan de desarrollarse en un estado de semilatencia hasta llegar a su fase adulta o imago.
Antes de emerger, es decir, salir de la pupa, pueden permanecer en diapausa (sin actividad biológica) de uno a tres años esperando las condiciones meteorológicas adecuadas para vivir y reproducirse en su fase adulta. Finalmente, la fase adulta ocurre en primavera y presenta una vida corta, ya que su único objetivo es reproducirse.
La temperatura tiene un gran efecto sobre el ciclo biológico de esta especie. Cuando se dan temperaturas superiores a 30 °C desaparece el comportamiento gregario que las orugas presentan y abandonan las colonias. Además, si se alcanzan los 32 °C, se produce la muerte de las larvas. Por otro lado, con temperaturas inferiores a 10 °C, se detiene la actividad de la colonia.
A causa del cambio global y el aumento de las temperaturas, la especie está consiguiendo expandirse a otras regiones de latitudes más frías, donde antes no podría, por lo tanto, sus poblaciones están aumentando y en algunas zonas, a pesar de tratarse de una especie autóctona, se convierte en plaga.
Existen diferentes problemáticas asociadas con la procesionaria del pino. Por un lado, la más directa recae sobre los árboles que pueden sufrir una defoliación severa (principalmente pinos, pero también otras coníferas, como cedros y abetos). La pérdida de hojas disminuye la capacidad fotosintética de los árboles y, por lo tanto, se ve afectada su capacidad de obtener nutrientes. Por lo tanto, esto conlleva un deterioro y debilitamiento de los árboles, volviéndolos más vulnerables a otras plagas o enfermedades.
Por otro lado, existe una problemática indirecta que afecta a los animales y seres humanos, ya que las orugas presentan pelos urticantes para protegerse de sus depredadores. Estos pelos contienen una toxina llamada thaumatopina, la cual causa irritación en la piel y las mucosas de quien las toque. Además, estos pelos se encuentran especialmente en la parte superior del cuerpo, pudiéndose desprender al aire, aumentando así el riesgo de contacto.
Para combatir esta especie hay varios métodos de control. Existen pesticidas químicos de síntesis muy potentes, pero que, a pesar de ser muy eficientes, dañan gravemente el medio ambiente. Por lo tanto, recientemente se están prohibiendo y, además, no se contemplan como herramienta de control en el Jardín, ya que no se alinean con los valores de Marimurtra; desde hace más de siete años en el Jardín Botánico Marimurtra no se utilizan productos químicos de síntesis para tratar las plagas ni las plantas.
Por lo tanto, los principales métodos de control que se aplican en el Jardín son:
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El fomento de la biodiversidad del entorno, atrayendo a los depredadores naturales de la especie, como aves o parásitos de insectos (control biológico), con el fin de establecer un correcto equilibrio en el ecosistema. En este caso, se han instalado cajas nido en pinos y comederos y bebederos en zonas cercanas, así como varios hoteles de insectos.
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El uso de trampas y barreras físicas que capturan a los adultos o impiden el desplazamiento de las orugas. La trampa aplicada en el Jardín se llama “collar d’Écopiège”, es una trampa que captura las orugas en el momento que descienden por el árbol realizando la procesión. Es de seguridad fiable tanto para los humanos como los animales, además de actuar en el momento crítico donde el riesgo de urticaria es más elevado. Se puede ver fácilmente, y es importante que los visitantes del Jardín no la manipulen, ya que puede ser peligroso. Por ello también se han colocado unos carteles informativos para evitar accidentes.